Miro a mi alrededor. Estoy donde elegí. Donde me llevaron cada uno de mis pasos. Dejé en mi camino lastres de puertas cerradas, dudas de ventanas entreabiertas que soplé con rabia tras el cristal. Dejé recuerdos perdidos sobre mis huellas encontradas. A veces paré un tiempo sin avisar. A veces salí corriendo sin luchar.
Siento la brisa que me envuelve. El silencio me susurra que siempre he sido yo. La que ha agarrado con fuerza las riendas de su respiración. La que ha arrancado los ruidos de raíz. La que ha puesto en su lugar la clave, la armadura y el compás.
Y mimando el momento, el sueño acaricia mi espalda entumecida. Morfeo me acuna como nadie. Hecha un ovillo, llueven las estrellas por mi mente.
Melodías y memorias. Recuerdos imborrables. Fantasías inventadas. Locuras en el tintero. Todos ellos en sopas de sinapsis, sirvientes de una sedienta ensoñación. Pasado, presente y futuro entremezclándose entre interrogantes de tentador envoltorio. Pero aparto preguntas perennes. Jamás caerán en solución. Y en ese momento me miento a mí misma y aparento una vez más. Atreviéndome a tocar tentaciones atesoradas en traidor terciopelo.
Y mientras vuelo en soledad, siento. Sucumbo a Calisto y Melibea en un jardín. Sucumbo a la lucha venenosa de Don Álvaro. Digo sí contra suspiros. Sucumbo a los trucos de la cabezota Celestina. Digo sí contra suspiros. Sucumbo a siniestras leyendas y a versos emponzoñados de doloroso amor. Gafadas gafas. Temidos temores. Frustrado final.
https://youtu.be/9BMwcO6_hyA