Supongo que sería más fácil ser sencillamente normal. Escuchar también los silencios para poder ver más allá. Respirar cada día oliendo colores y matices. Sabores musicales. Sin prisas. Sin miedos. Sin lamentos...
Supongo que sería más inteligente cambiar de constelación. Buscar otra ruta del tesoro, un destello alternativo en un viraje sin timón. Priorizar primero la vida y dejar para la vuelta el resto.
Supongo que sería más seguro saltar sin exigentes yugos injertados en las clavículas. Descubrir las alas verdaderas. Sentir que para los demás tú también vuelas.
Supongo que sería más razonable ver el vaso medio lleno. Sin dejar que una gota accidental desborde los pasos del camino. Y no acabar ahogándose en el horizonte pese al temblor y las tormentas.
Supongo que sería más justo evaporar los juicios. Los precoces. Los infundados. Los manipulados. Los subjetivos y los cegados. Soplar inviernos arraigados en la mente. Deshojando margaritas para recordar tu estela. Minimizar amargas recidivas de fallidos corajes. Catando el destino en un vaso de agua.
Abrazar sonrisas de papaya, descansar un poco más el coco y agarrar la sartén por el mango...