No. No quiero que me des tu móvil. Mejor dame tu reloj. Sí, has leído bien. Déjame detener tu tiempo. Derretir los segundos en mis manos al tocar tu espalda. Suspender tus latidos mientras me miras. Capturar tus sentidos y secuestrar tus pensamientos un instante.
La vida me ha enseñado que nada es para siempre. Somos un complejo producto de momentos que nos alejan del minuto de partida. Una carrera contrarreloj en la que las prisas son el peor enemigo. Una efímera batalla entre destinos y objetivos.
Nada es para siempre, pero nosotros podemos hacerlo eterno. Y es que es inevitable que tus huellas esculpan mis curvas y tropiezos. Que tus palabras se difundan en mis venas y que tus silencios ahoguen mis impulsos. Que tus miradas reacompasen mis vibraciones... Cuando dos bailes se cruzan, un nuevo acorde resonará para siempre...
Y cuando el mundo vuelva a marearse, podremos parar el tiempo como si fuera ayer. Sentir los ecos huyendo. Saborear cada beso. Soñar con la lluvia quemando en nuestra piel. Despertar cada poro y oler más allá de nuestra microgalaxia. Perder el sentido y encontrar las cosquillas que mantienen el aliento con vida.
Vivir el momento eternamente. Nuestro momento.
https://youtu.be/XDmJTJHWZv0
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