No estoy mirando al cielo. Y sin embargo, lo estoy viendo. Y así sucede a veces, con la frecuencia de la luna llena. Mente en blanco, mejillas carmín. Llovían colores al ocaso.
Recuerdo cada inspiración. Mi memoria me rebate que no fue un sueño. Que ni fuimos al cine, ni yo llevaba el vestido rosa que te gusta tanto. Que solo cuatro letras forman algo. En perpendicular surge la magia. Más que un regalo desordenado. Algo que comienza a ser real.
Me sentí pequeña. Quizá porque no dejo de crecer a tu lado (Esta vez hasta literal). Abría los ojos, esculpiendo tu imagen en mi retina. Mis manos sólo querían convencerse de que realmente estabas ahí. Eras tú. Era yo. Éramos nosotros.
¿Se puede cumplir un deseo antes de soplar las velas?
No hubo helado que no ardiera de dulzura. Callamos la tormenta en nuestros labios. Ahogué mi cordura en tu fuego. Suavemente disparamos. Vivos de esta sed. Ecos de tu olor escondidos en mi piel...