lunes, 10 de julio de 2017

Siempre nos quedará soñar...

Te había perdido. Y entre ritmo de caballos y calles empedradas te volviste a acercar a mí. A esos ojos oscurecidos de un invierno todavía reciente. Sigilosamente. Entre miles de turistas. Entre fuentes y parejas. Entre cientos de árboles de un parque con nombre de mujer. Viniste tú. Como si no hubiera pasado el tiempo...

Tiempo que se había diluido en mi piel. Se agotaba en cada agitación de mis pulmones. Se disolvió en nostalgia de un ayer. De una esperanza incierta respirando. Colores perdiendo el contraste.

Gris.

Entonces tú.

Un rayo fulminante atravesó mis sinapsis de un modo particular. Y mayor fue la descarga de tu brillo verde en mi cabeza. Revolución postsináptica asegurada. Acceso denegado también.

Se reforzó mi timidez. Se aceleraron ideas inconexas imposibles de interceptar. Escurriéndome en una senda oscura pese a la luz de tu mirada. Consciente del riesgo, mi miedo se abrazó a un sinsentido. Ni intenté escarbar, ni intenté empezar el partido.

Razones, muchas.
Sinrazones, también.
Solución, mi huida.
Distancia, tu red.

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