Nada de princesas. No. De pequeña yo me disfrazaba de Superman. Y es que siempre me han fascinado los superhéroes.
Y ahora veo que estoy rodeada de ellos. Superhéroes y superheroínas. Cada uno con su superpoder. Con sus hazañas de cómic. Con sus trajes sonrientes. Con su propia filosofía de vida.
Y entonces cuatro de sus palabras caen como un misil en tus tímpanos. Tentando a tus neuronas a indagar más. A seguir picoteando la vida poquito a poco.
Y es cuando dejas de creer que encuentras un paraíso perdido. Un sol de medianoche. Un arco iris aturdido.
Y es cuando pierdes la fe que rozas un topacio envuelto en risas. Un abrazo en una noche de enero. Un litro de helado en Sevilla.
Y es cuando dejas de ver el cielo que llegan ellas para alumbrar las estrellas. Un vestigio del recuerdo más candente. Instantes que duran para siempre.
Y es cuando pierdes la apuesta que ganas más que nunca. Una lección de vida. Compañeras de viaje y amantes de locuras.
Superhéroes y superheroínas, ¿os cuento un secreto?
¡Vosotr@s sois mi gran superpoder! :D
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