Soy la que ha viajado en mil trenes. La que jamás apuntaba su flecha hacia un mismo rincón. Y ahora ha fijado su norte en el sur. Soy la que ha vivido en flores y edenes. La que se ha consumido en sus propios infiernos. Soy la que odia el frío cuando muerde hasta el alma. La que vuela con el viento pero nunca sabe dejarse llevar.
Soy la niña que siempre sueña y nunca recuerda el qué. La torpeza cuando se viste de tacón. La prudencia cuando la desnuda la razón. El miedo ardiendo en las mejillas. Soy la que no para de correr intentando huir de sus huellas. Y la que, al final, el reloj alcanza sin querer.
Soy la pieza que cambia de forma buscando encajar. La que pulsa teclas cuando no sabe hablar. Soy la que se retuerce en metáforas. El ansia cabalgando en libertad. Soy una brújula perdida en las nubes. La cuerda que, añorando el pizzicato de tus dedos, se ha vuelto loca.
Soy hormonodependiente cuando mi yo irracional se vuelve autónomo. Una anémona fuera del coral. Soy una sombra iluminada en un oasis cristalino. Un lado turbo maquillado de paz. Puro caos en mi oscuridad.
Vivo respirando ilusiones cuando buceo en el fondo de mis pensamientos. Y el oxígeno parece dar señal de alarma.
Guardo un volcán bajo mi resquebrajada escarcha. Y aunque mi piel sea nieve, el color late dentro.
Soy un bosque de fuegos artificiales con clave de entrada. Un murmullo eléctrico que canta en el cielo.
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