Otoño y su sábana ocre y dorada. Tímido, el frío besa mi nariz y me da la mano. El sol se apaga perezoso con cada suspiro. Y en esta lluvia de hojas se detiene el tiempo.
Respirando risas. Al momento de morder el miedo. Y el viento rojizo echa a volar.
Sin equipaje, sin rumbo y sin lastre. El color despierta. La niebla duerme. Tan solo un corazón acompasado, un torbellino en calma.
Otoño y su incierta febrícula. Cielo de un sinsabor que engaña. Enredaderas sonrosadas sin cuento. Y un manto ocre y dorado armoniza mi cadencia...
No hay comentarios:
Publicar un comentario