Sopla una brisa frenética. Pies que tropiezan. Mar mareado de emociones. Mi respiración se tambalea.
Ruge el tiempo. Números marcha atrás. Decisiones por delante. Engullida la pausa, quebró el silencio.
Buscando un ritardando en un compás desbocado. Se nublan los colores del pensamiento y vuelven a perderse en los poros. Ahí, donde nace el sol al ocaso.
Y así, en un terremoto de hojas otoñales, duerme la ansiedad. Y así, en una niebla sin sentido, calla el calendario. Y así, entre ritmos conversos y ácidos segundos, cabalga mi respiración.
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