No paro de preguntarme por qué. No paro de preguntarme cómo. Qué hiciste, qué has hecho, qué haces...
Cada barrera, la ignoraste.
Cada golpe, lo esquivaste.
Cada palabra, te daba fuerzas.
Y no niego que ahora lo idealice todo.
Y cada vez soy más consciente de que todo tiene un final. Pero mi subconsciente, estafador como siempre, le da la vuelta a mi pesimismo innato y me seduce para soñar de nuevo. ¿Fin de las restricciones?
Traspasaste las fronteras para cambiarme un poquito mi interior. Fuiste mi caballo de Troya particular. El Aquiles, que ha luchado tanto tiempo (sigo sin entender por qué) y ha alcanzado vislumbrar los destellos del Grial escondido que casi roza con sus manos. Esperemos que no vuelva a salir volando.
Escribe estas líneas la niña que susurra a gritos por dentro (¿alucinaciones? No creo). La misma que liberaste una fría noche de enero. La que solo descubren los esforzados caballeros que cruzan las murallas del hielo. A la que el miedo atrapa en la más alta torre del castillo de papel. La que se duerme a cobijo de los monstruos de la realidad a los que solo vence en sueños. La que ríe y llora en un acorde. La que siente y luego, si eso, piensa. La que pierde el control y le da igual. La que olvida los complejos entre chistes malos y la que no para de tropezarse entre carcajadas. La que, al final, con un helado, se enamora otra vez de la vida.
Ojalá ella fuera el timón (y Puuumba!) y no un simple grumete de la tripulación que, de vez en cuando, se subleva ante el capitán de la Razón.
Y sí, me paso la vida siguiendo la aguja de la brújula. Quizá debería tirarla por la borda. Y sí, me paso el camino controlando cada centímetro de las velas. Quizás debería dejar que el viento soplara y apagara todas de una vez.
La verdad que el capitán no contaba con un motín y un abordaje en el mismo suspiro. El pequeño grumete se creció inspirado por el bravo oleaje que arañaba la cubierta. Un leve descuido del capitán fue suficiente para virar a estribor. Todo se tambaleó y la entropía se despertó envuelta en las sábanas de un caos universal. A la luz de las estrellas, el destino cegó la proa de repente. Y apareciste tú sigilosamente entre los pródromos de la tormenta. Te ganaste al grumete, hipnotizado y paralizado ante el timón (y Puuumba!)...comenzó el trance, siguió el viaje, terminó la calma....
https://youtu.be/sgi6clMetNg
"Puede que yo rompa tus esquemas, pero tú haces trizas mis corazas"