jueves, 30 de junio de 2016

Erasé una(s) vez(es)...

A veces las perlas surgen sin motivo, sin causa, sin razón. Simplemente a veces. A veces te esfuerzas por seguir girando en sentido contrario a tu reloj. Solo a veces. A veces cuentas los pasos pero pierdes el camino. Simplemente a veces. A veces te empeñas en desordenar las letras de una palabra que no existe. Solo a veces. A veces los primeros impactos dejan las huellas más hondas. Simplemente a veces. Y a veces las luces estrelladas que nos llegan llevan tiempo fundidas. Solo a veces.

Pero el resto de las veces, la intuición alcanza más sentido que la razón. El resto de las veces, ir a contracorriente explora coloridos horizontes. Muchas veces los paraísos perdidos no están señalizados. La mayoría de las veces el orden es una ambigua ilusión. Otras veces las palabras se convierten en inconvincentes convencionalismos. El resto de las veces los disparos no son casualmente certeros. Y, faltaría más, los astros seguirán flotando fulgurantes. El resto de las veces.

《Nos empeñamos en contar los compases y nos olvidamos de sentir el ritmo》

lunes, 27 de junio de 2016

Tormenta de verano

El tiempo navega ligero entre miradas.

En el suelo trocitos del espejo resquebrajado entre susurros.

En el aire restos de un perfume avainillado mezclado entre suspiros.

Los ecos de melodías tormentosas se resisten a desaparecer.

Ya no queda nadie bajo la luna temblorosa. Su fuerza se extingue <perdendosi> en la última sonrisa.

Ya no existe ni el día ni la noche. El reloj se estampa contra las agujas del tiempo.

La canción se repite con nuevos latidos por metrónomo.

Las hojas que quedan por escribir saltan en un bosque suicida. Troncos que crecieron agridulces en un jardín de ensoñaciones en colores.

La lluvia espolvorea la tierra infértil de ideas.

  Volverán truenos y relámpagos de tus labios los besos a sellar...

Pero basta un humilde rayo de sol que escape juguetón entre las gotas. Los colores brotan tímidamente en la marea.

Basta una chispa para devolver el calor a un invierno improvisado. Y también para arrasar ardiente una latente primavera.

Una suave brisa sopla somnolienta. Los segundos serenamente suspenden su silencio.

Las palabras (a)prenden.

Las emociones (no) entienden.

Los sonidos (re)saborean.

Las notas nacen (naïves)

La rutina del ruiseñor rompe el rayo. El sol suen-ñ-a sinfónico. Vuelven a volar las vivaces golondrinas. Fulmina una estrella fugaz. Comienza un ciclo. El ciclo sin fin.

viernes, 24 de junio de 2016

¡Al abordaje!

No paro de preguntarme por qué. No paro de preguntarme cómo. Qué hiciste, qué has hecho, qué haces...
Cada barrera, la ignoraste.
Cada golpe, lo esquivaste.
Cada palabra, te daba fuerzas.

Y no niego que ahora lo idealice todo.
Y cada vez soy más consciente de que todo tiene un final. Pero mi subconsciente, estafador como siempre, le da la vuelta a mi pesimismo innato y me seduce para soñar de nuevo. ¿Fin de las restricciones?

Traspasaste las fronteras para cambiarme un poquito mi interior. Fuiste mi caballo de Troya particular. El Aquiles, que ha luchado tanto tiempo (sigo sin entender por qué) y ha alcanzado vislumbrar los destellos del Grial escondido que casi roza con sus manos. Esperemos que no vuelva a salir volando.

Escribe estas líneas la niña que susurra a gritos por dentro (¿alucinaciones? No creo). La misma que liberaste una fría noche de enero. La que solo descubren los esforzados caballeros que cruzan las murallas del hielo. A la que el miedo atrapa en la más alta torre del castillo de papel. La que se duerme a cobijo de los monstruos de la realidad a los que solo vence en sueños. La que ríe y llora en un acorde. La que siente y luego, si eso, piensa. La que pierde el control y le da igual. La que olvida los complejos entre chistes malos y la que no para de tropezarse entre carcajadas. La que, al final, con un helado, se enamora otra vez de la vida.

Ojalá ella fuera el timón (y Puuumba!) y no un simple grumete de la tripulación que, de vez en cuando, se subleva ante el capitán de la Razón.

Y sí, me paso la vida siguiendo la aguja de la brújula. Quizá debería tirarla por la borda. Y sí, me paso el camino controlando cada centímetro de las velas. Quizás debería dejar que el viento soplara y apagara todas de una vez.

La verdad que el capitán no contaba con un motín y un abordaje en el mismo suspiro. El pequeño grumete se creció inspirado por el bravo oleaje que arañaba la cubierta. Un leve descuido del capitán fue suficiente para virar a estribor. Todo se tambaleó y la entropía se despertó envuelta en las sábanas de un caos universal. A la luz de las estrellas, el destino cegó la proa de repente. Y apareciste tú sigilosamente entre los pródromos de la tormenta. Te ganaste al grumete, hipnotizado y paralizado ante el timón (y Puuumba!)...comenzó el trance, siguió el viaje, terminó la calma....

https://youtu.be/sgi6clMetNg

"Puede que yo rompa tus esquemas, pero tú haces trizas mis corazas"

miércoles, 15 de junio de 2016

No voy a darte las gracias...

¿Existe el Destino? ¿O decidimos nosotros las casualidades que construyen nuestra vida?

Yo soy una soñadora sin medida que apuesta por la primera opción, que cree en la magia de los encuentros y en los hechizos de cada momento. Y tú....Tú no. Tú viniste a mí. Desconozco la motivación que impulsó esa orden de tu córtex prefrontal, pero no fue fortuito. Fue una mal(ben)dita sinapsis que desencadenó la cascada de acontecimientos con la que empezó un llamativo juego.

Podría seguir con la historia. Breve pero intensa como un café solo de máquina. Pero mejor tomarlo con leche fresquita. Para que ya no queme tanto, para que ya no sepa tanto, para que ya no signifique tanto... Y un poco de azúcar y vainilla para espantar fantasmas...

Podría continuar, pero ya lo sabes todo. Lo sabes todo de mi subconsciente, de mi preconsciente y de mi consciente. Conoces mis estrategias, mis mecanismos de defensa, mis virtudes y defectos (aunque no los admitas)... conoces cada una de mis reacciones a la perfección. Siempre me preguntaré por qué comprendes mi psique con tan solo mirar mis ojos amarillos.

Soy un libro abierto que se puede leer de principio a fin si tienes el interés y la paciencia suficiente para ir pasando las páginas delicadamente. Tú devoras los capítulos a vistazos agigantados. Y lo peor de todo es que no lo puedo evitar. Y lo mejor de todo, es que me das mucho más de lo que puedes imaginar. Me das miedo y seguridad a la vez, paz y batalla, inseguridad y confianza...

No solo me regalas tu tiempo y tu paciencia, tus risas y tus consejos (de papi sí), sino que me has devuelto cachitos de mí que perdí entre almohadas. Me abres los ojos con un chasquido de dedos en el momento más (in)adecuado. Tiras de mi papel hacia arriba, aunque me cueste crecer(me). Me has demostrado que la distancia entre el cielo y el suelo no está determinada. Que me pongo límites para evitar tropiezos y soy yo la que acaba cayendo al chocarse con las barreras que me pongo en el camino. Me enseñas cada día y eso, de verdad, no tiene precio. A veces mareas, pero nunca viene mal cambiar de perspectiva. Deslumbras sí, pero gracias a ti la nitidez gana sentido. Yo seré una novela pero tú eres una enciclopedia hablada...

Nunca podré agradecer todo lo que has hecho, haces y harás por mí (tampoco me dejas). Nunca seré tan pura ni tan auténtica como tú. Nunca volveré a secuestrarme a mí misma...

¡Deseo a todos que encuentren un duende de la guarda como tú!

https://youtu.be/x5SHQShUSSI

Pero. Nunca. Jamás. Te. Daré. Las. Gracias.

Asustada y decidida

 La que duerme en tirantes en invierno para sentir el abrazo del edredón La que se ve las películas en tres actos porque se duerme La que se...