lunes, 27 de junio de 2016

Tormenta de verano

El tiempo navega ligero entre miradas.

En el suelo trocitos del espejo resquebrajado entre susurros.

En el aire restos de un perfume avainillado mezclado entre suspiros.

Los ecos de melodías tormentosas se resisten a desaparecer.

Ya no queda nadie bajo la luna temblorosa. Su fuerza se extingue <perdendosi> en la última sonrisa.

Ya no existe ni el día ni la noche. El reloj se estampa contra las agujas del tiempo.

La canción se repite con nuevos latidos por metrónomo.

Las hojas que quedan por escribir saltan en un bosque suicida. Troncos que crecieron agridulces en un jardín de ensoñaciones en colores.

La lluvia espolvorea la tierra infértil de ideas.

  Volverán truenos y relámpagos de tus labios los besos a sellar...

Pero basta un humilde rayo de sol que escape juguetón entre las gotas. Los colores brotan tímidamente en la marea.

Basta una chispa para devolver el calor a un invierno improvisado. Y también para arrasar ardiente una latente primavera.

Una suave brisa sopla somnolienta. Los segundos serenamente suspenden su silencio.

Las palabras (a)prenden.

Las emociones (no) entienden.

Los sonidos (re)saborean.

Las notas nacen (naïves)

La rutina del ruiseñor rompe el rayo. El sol suen-ñ-a sinfónico. Vuelven a volar las vivaces golondrinas. Fulmina una estrella fugaz. Comienza un ciclo. El ciclo sin fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Asustada y decidida

 La que duerme en tirantes en invierno para sentir el abrazo del edredón La que se ve las películas en tres actos porque se duerme La que se...