¿Existe el Destino? ¿O decidimos nosotros las casualidades que construyen nuestra vida?
Yo soy una soñadora sin medida que apuesta por la primera opción, que cree en la magia de los encuentros y en los hechizos de cada momento. Y tú....Tú no. Tú viniste a mí. Desconozco la motivación que impulsó esa orden de tu córtex prefrontal, pero no fue fortuito. Fue una mal(ben)dita sinapsis que desencadenó la cascada de acontecimientos con la que empezó un llamativo juego.
Podría seguir con la historia. Breve pero intensa como un café solo de máquina. Pero mejor tomarlo con leche fresquita. Para que ya no queme tanto, para que ya no sepa tanto, para que ya no signifique tanto... Y un poco de azúcar y vainilla para espantar fantasmas...
Podría continuar, pero ya lo sabes todo. Lo sabes todo de mi subconsciente, de mi preconsciente y de mi consciente. Conoces mis estrategias, mis mecanismos de defensa, mis virtudes y defectos (aunque no los admitas)... conoces cada una de mis reacciones a la perfección. Siempre me preguntaré por qué comprendes mi psique con tan solo mirar mis ojos amarillos.
Soy un libro abierto que se puede leer de principio a fin si tienes el interés y la paciencia suficiente para ir pasando las páginas delicadamente. Tú devoras los capítulos a vistazos agigantados. Y lo peor de todo es que no lo puedo evitar. Y lo mejor de todo, es que me das mucho más de lo que puedes imaginar. Me das miedo y seguridad a la vez, paz y batalla, inseguridad y confianza...
No solo me regalas tu tiempo y tu paciencia, tus risas y tus consejos (de papi sí), sino que me has devuelto cachitos de mí que perdí entre almohadas. Me abres los ojos con un chasquido de dedos en el momento más (in)adecuado. Tiras de mi papel hacia arriba, aunque me cueste crecer(me). Me has demostrado que la distancia entre el cielo y el suelo no está determinada. Que me pongo límites para evitar tropiezos y soy yo la que acaba cayendo al chocarse con las barreras que me pongo en el camino. Me enseñas cada día y eso, de verdad, no tiene precio. A veces mareas, pero nunca viene mal cambiar de perspectiva. Deslumbras sí, pero gracias a ti la nitidez gana sentido. Yo seré una novela pero tú eres una enciclopedia hablada...
Nunca podré agradecer todo lo que has hecho, haces y harás por mí (tampoco me dejas). Nunca seré tan pura ni tan auténtica como tú. Nunca volveré a secuestrarme a mí misma...
¡Deseo a todos que encuentren un duende de la guarda como tú!
https://youtu.be/x5SHQShUSSI
Pero. Nunca. Jamás. Te. Daré. Las. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario