Oscurece mi cabeza. Se me nubla el alma. Dudas que no despejan. Fuera saluda el sol.
A tientas me levanto, buscando una razón. Me pesan los ojos, mis pestañas no vuelan. No hay corriente. No hay coraje. No hay canción.
Se difuminan los colores. Cada vez más cerca se ahoga el rumor. Emborrachada de café, ataraxia disfrazada, impávida sed.
Y ahora, ¿qué rima venía? Perdida métrica se burla de mi ayer. Cuenta el cuento de nunca jamás. Que siempre habrá fantasmas poetas, de mirada hueca, en un desdeñado desván.
Y ahora, ¿seguía la historia? Cambiante el viento, dejó de bailar. Vertiente hacia dentro, lamidas lágrimas desembocan en tu corazón. Inundándose de recuerdos. Cegándose sin tu sol.
A tientas, saboreo la madera de un suelo de espanto. Sigo enmarañada de una red de atajos. Vaivén que nace y muere a un ritmo de vértigo.
¿Por qué robaste protagonismo en mis sueños? Raso envuelto en azul satén. Cortinas en mis pupilas, encaramándose a mi piel. No hay destellos. No hay develo. No hay duende.
Enlentece el silencio a mi alrededor. Dentro ráfagas rápidas roen otro rato. Respirar se ha vuelto manjar de tontos. Enmudece el aire mis oídos, boca inerte, matiz imberbe.
Delirio escrito.
Visto mis ojos.
Fuera, un espejismo.
Dentro, un despojo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario